Lago Sandoval ” Viaje al corazón de la Amazonía peruana”


Igual que estrellas de cine asistiendo al estreno de una superproducción , fue nuestra llegada al aeropuerto internacional de Puerto Maldonado ó Padre Aldamiz en la región amazónica de Madre De Dios en Perú.

El aeropuerto era pequeño, pero más de treinta personas, muchas de ellas niños, se agolpaban en el hall a la espera de la aparición del turista. Nos miraban de arriba abajo, con cara de sorpresa, como intentando escudriñar nuestras ropas y rostros en busca de algún detalle que les indicase el motivo de la visita.

Que no éramos de la zona, estaba claro. El número de horas que dedicamos a estar frente al ordenador nos dotaba de un color blanquecino y apagado que resaltaba en exceso sobre el moreno que lucían los asistentes. Tal vez su mirada de asombro, fuese provocada por la fila interminable de bultos que transportaba el grupo, pero no podía ser de otra forma, teníamos que pertrecharnos con nuestros mejores equipos. Íbamos a visitar un lugar único, El Lago Sandoval en la Reserva Natural de Tambopata.

Esta reserva situada entre las regiones selváticas de Madre de Dios y Puno, cerca de la frontera con Bolivia está considerada como uno de los lugares con mayor biodiversidad del planeta, lo que la convierte en un verdadera joya para el turismo ecológico.

Nuestra estancia en Puerto Maldonado se limitó a unos cuantos minutos, ya que  la dificultad de accesibilidad que presenta la región, hacen este lugar único y casi virgen, pero permite un escaso desarrollo económico a la ciudad, situación que se refleja en los pequeños comercios y en las modestas viviendas que existen, la mayoría habitadas por nativos de tribus originarias de la zona, que viven solo de la madera, de la fruta y del oro, lo que les proporciona muy pocos recursos.

Dejando atrás Puerto Maldonado, nos dirigimos al embarcadero del río Tambopata, desde donde a bordo de una lancha emprendimos un recorrido hacia el río Madre de Dios.

Transcurridos unos 45 minutos, la lancha se detuvo en lo que parecía ser un improvisado embarcadero en plena selva amazónica.

Allí nos esperaba un carro tirado por un nativo y una persona del establecimiento elegido para nuestro alojamiento.

Nuestra sorpresa llegó cuando lejos de recibirnos con el típico cocktáil de bienvenida con el que te obsequian algunas cadenas hoteleras, el empleado nos recomendó que eligiésemos un par de botas de agua de nuestra medida.

Nuestras caras debieron persuadir al guía, que raudo se prestó a indicarnos que el motivo de utilizar las botas era que todavía quedaba bastante para llegar a las cabañas, y que el primer escollo que teníamos que salvar, eran unos 3 kilómetros sobre un sendero de barro (había estado lloviendo unos minutos antes a nuestra llegada) que atravesaba la selva y conducía hasta otro embarcadero, donde posteriormente tomaríamos otra canoa que nos llevaría directamente a lago Sandoval, punto final de nuestro viaje.

Tambopata alberga 20 .000 especies de plantas, 127 de reptiles y anfibios, 91 de mamíferos, 6 de monos , 200 de aves y 1.230 de mariposas. Con esta plantilla, no resulta difícil disfrutar de la presencia de muchos de ellos en su hábitat natural, y lejos de ser una mala experiencia, el trayecto se convirtió en algo completamente diferente.

El acceso al lago lo realizamos a través de un pequeño canal, la primera impresión fue impactante.

Mientras algunos de los asistentes solo consiguieron pronunciar una exclamación, otros nos conformamos con admirar lo que la naturaleza nos ponía enfrente.

La belleza del paisaje, la paz y el sosiego del lugar, solo se veían alterados por el vuelo de algún ave, el salto de un mono ó el pausado movimiento de un caíman.

Durante el recorrido por el lago pudimos apreciar la gran variedad de aves acuáticas que poblaban sus orillas.

Garzas, cormoranes, martines pescadores además de otras especies, reposaban sobre los troncos y ramas más cercanas al agua, mientras que algunos hoatzines se lanzaban de manera repentina al agua, como intentando escapar del ataque de un posible depredador.

A unos pocos metros y ajenos a nuestra presencia, los componentes más jóvenes de una familia de lobos de río realizaban divertidas piruetas.

Pero no solo de día se puede disfrutar de la vida en la reserva, el lago por la noche cobra otra dimensión, y mientras que los protagonistas del día descansan, otros participantes como las cigarras, los insectos, las arañas, las serpientes y los caimanes, salen a escena, llenando la oscuridad de vida y de sonidos de selva

Después de nuestra estancia alojados en Sandoval Lake Lodge, (único alojamiento situado en el mismo lago Sandoval) y de disfrutar de día y noche de la vida del lugar, creo que todos los asistentes aprendimos a amar un poco la amazonía peruana.

Mientras tanto, a la espera y con la esperanza de volver, me quedo con el recuerdo de un atardecer en Tambopata mientras un grupo de loros y guacamayos, alteran con sus chillidos la tranquilidad de la tarde.

httpv://www.youtube.com/v/olILG04XXrU

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